“EL TRABAJO DIGNO”
Homilía monseñor Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas
para el domingo XIX durante el año
( 10 de agosto 2014)
El pasado 7 de agosto hemos celebrado a un santo muy querido por nuestro pueblo que es San
Cayetano. En distintos santuarios y comunidades de nuestra Patria la gente se acerca para implorar,
agradecer y pedir por el pan, el trabajo y la paz. También en nuestra Diócesis celebramos esta fiesta
en diversas comunidades. Aquí en Posadas al participar en esta celebración siempre me impresiona
la fe sencilla, profunda y generosa de nuestro pueblo. En este domingo el Evangelio (Mt. 14,22-33),
nos trae un texto que se refiere a la necesidad de la fe. Pedro que caminaba sobre el agua probando
al Señor, ante la violencia del viento sintió miedo y se empezó a hundir. El Señor lo toma de la
mano y le dice: “ᄀHombre de poca fe! ﾿Por qué has dudado?” (Mt. 14,31).
Nuestra gente pide con fe sencilla poniendo el eje en un tema central y que expresa una sabiduría
que no parte de estadísticas, ni datos elaborados en gabinetes, y que invita a realizar una lectura de
lo que ocurre el día de San Cayetano.
En nuestra América Latina, Patria y Provincia, la falta de trabajo estable y digno aún sigue siendo
causa de pobreza y exclusión. Quiero subrayar algunos párrafos del documento de Aparecida que
considero muy iluminadores de situaciones que nos deben preocupar y deberemos tener
especialmente en cuenta si queremos encarar seriamente la palabra “inclusi￳n” que hoy varios la
proclaman. Aparecida se￱ala: “La poblaci￳n econ￳micamente activa de la regi￳n está afectada por
el subempleo (42%) y el desempleo (9%), y casi la mitad está empleada en trabajo informal. El
trabajo formal, por su parte, se ve sometido a la precariedad de las condiciones de empleo y a la
presión constante de la subcontratación, lo que trae consigo salarios más bajos y desprotección en el
campo de la seguridad social, no permitiendo a muchos el desarrollo de una vida digna. En este
contexto, los sindicatos (cuando cumplen con su misión), pierden la posibilidad de defender los
derechos de los trabajadores. Por otro lado, se pueden destacar fenómenos positivos y creativos para
enfrentar esta situación de parte de los afectados, quienes vienen impulsando diversas experiencias,
como por ejemplo, micro finanzas, economía local y solidaria, y comercio justo” (71).
La fragilidad laboral y el observar la fe de nuestro pueblo que expresa el pedido de trabajo y coloca
el trabajo en una clave del problema económico y social, no es un tema nuevo en nuestra América
Latina. El flagelo del neoliberalismo que acentúa la exclusión en el continente fue denunciado
abundantemente por el Magisterio de la Iglesia en los años 90, aún cuando muchos que en la
actualidad se presentan como sus enemigos, antes lo consentían. Hoy debemos señalar que este mal
continúa y no necesito en esta reflexión acudir a datos estadísticos, sino a pinceladas de la realidad
que son fruto del caminar, escuchar y compartir con la gente. Es evidente la multiplicación de
barrios y barrios en las grandes y no tan grandes ciudades de nuestra provincia. Cuando uno
pregunta a mucha gente de nuestros barrios de que vive, las respuestas se reiteran y notamos que
viven de formas subsidiadas, planes sociales con diversos nombres, algunos tienen empleos dignos,
pero muchos, muchísimos logran alcanzar algunas changas, o bien viven del trabajo temporal que
da la obra pública y la construcción, otros que están desocupados sobreviven con la solidaridad
familiar y maneras de ayudas mutuas.
La inclusi￳n requerirá recordar aquello que vuelve a se￱alar el Papa Juan Pablo II, en “Laborem
Excercens”, que el trabajo es el que produce el capital y por lo tanto debe ser el motor de la
producción y la economía. Crear trabajo y colocar a la persona en el centro del problema económico
y social, será tener en cuenta el justo pedido de nuestra gente. El pedir trabajo, para tener el pan de
cada día y vivir en paz.
Hace algunos días me alegró escuchar en una reunión organizada por Justicia y Paz sobre
numerosos emprendimientos que desde distintas organizaciones sociales, también desde Cáritas
buscan dignificar la persona con iniciativas, así como también es esperanzador el apoyo provincial a
diversos emprendimientos y el apoyo a las ferias francas.
En medio de esta realidad y queriendo tener esperanza, debemos señalar que en cada capilla de
barrio, siguen resonando diversos problemas, cuando la gente se acerca con sus dolores de corazón
y con sus sufrimientos. También se acerca la mendicidad y la pobreza que siempre desfiguran la
dignidad humana y pone al descubierto nuestras respuestas precarias. A San Cayetano, quien fue un
hombre solidario, queremos pedir su intercesión a Dios por el trabajo, por el pan y la paz en
nuestras familias y sociedad.
¡Un saludo cercano y hasta el próximo domingo!
Mons. Juan Rubén Martínez, obispo de Posadas