Pautas para la homilía
IV Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo B
Ojalá escuchéis hoy su voz, no endurezcáis vuestro corazón I
La Primera Lectura nos anuncia la venida de varios profetas. De uno que será un
profeta, que surgirá de entre los hermanos, que será uno de ellos. A la vez Dios
denuncia la existencia de falsos profetas que no anunciaran su palabra sino la suya
propia.
Moisés aparece en el texto como mediador, que anuncia la venida de otro, un
profeta que dará plenitud a la comunicación con Dios.
En una época convulsa llena de adivinos y lectores de augurios, el profetismo
deuteronómico presenta una alternativa, un contramodelo, denunciando la
existencia de esos falsos profetas. El verdadero profeta descubre la palabra de Dios
en la profundidad de su interior y lee su huella en la realidad de los hombres, en su
propia realidad.
Para nosotros Jesús es el culmen de la tradición profética que recorre toda la
Escritura, porque en el encontramos la revelación plena.
El salmo es un himno de alabanza en línea con la Primera Lectura que destaca la
importancia de escuchar la Voz de Dios, “Ojalá escuchéis hoy su voz, no
endurezcáis vuestro corazón”. Solamente con el corazón abierto se puede escuchar
de verdad si se pretende que algo de lo que te digan tenga algún tipo de influencia
real en tu vida. El Salmo, no habla de los oídos, de oír, como oímos todos los días
los cientos de noticias que nos presentan y que no cambian en nada nuestra
realidad. Las oímos y las olvidamos. El Salmo habla de escuchar y de escuchar con
el corazón abierto, que es la única de escuchar de verdad. Y Dios sabe que ya ha
pasado, que pasa y que seguirá pasando, que el habla y nosotros no le oímos, pero
no por eso deja de hablarnos a todos y cada uno de nosotros.
En la Segunda Lectura San Pablo esta responder a las preguntas que le envían de la
Comunidad de Corinto que empezaron el Domingo Pasado. La realidad de Corinto
en esa época condiciona lógicamente su respuesta. Corinto era el puerto de tránsito
entre Oriente y Occidente en el Imperio Romano, uniendo el Peloponeso con la
Grecia continental y la Península Balcánica, y era tan famosa por la prostitución
como por el comercio y la producción de cerámica.
En esa realidad Pablo ensalza los valores de dedicación al Señor desde el celibato
realizando una comparación desde su propia realidad. Hay que tener en cuenta que
en esa época, se esperaba una venida inminente de Jesús y el final de los tiempos.
Además la realidad del hombre y de la mujer estaba claramente diferenciados en
los espacios público y doméstico.
Pablo no ensalza un modelo de vida porque sí, sino como medio para servir a Dios y
a los hermanos. Ese medio para servir a Dios hoy puede ser perfectamente la
familia. Necesitamos familias cristianas que sirvan como primer vehículo trasmisor
de la fe tanto como célibes encargados de los ministerios eclesiásticos, dado que
ambos se complementan. Sin fe vivida y compartida en las familias de poco sirven
anuncios lejanos en Iglesias vacías, y familias que no pueden a recibir los
sacramentos por ausencia de sacerdotes tampoco pueden decir que viven una fe de
forma plena. Por lo tanto, lo que Pablo nos dice hoy, es que sea cual sea nuestra
forma de vida, ésta debe de estar dedicada al Señor.
En el Evangelio Marcos nos describe la primera actuación de Jesús en Cafarnaún
después de haber llamado a sus discípulos. El texto forma parte de un relato más
amplio que se conoce como “la jornada de Cafarnaún”.
Jesús comienza el sábado acudiendo a la sinagoga y comentado la Escritura. Es
curioso que a pesar de no haber recibido formación rabínica, Jesús les deja
extrañados por la autoridad (exousía) de sus palabras. Esta autoridad nos pone en
sintonía con el profetismo al que se refería la primera lectura, el que nace de la voz
de Dios en nuestro interior, es una autoridad que no se puede aprender.
El texto no aclara de qué estaba hablando Jesús, pero por coherencia de la acción
está claro que sus palabras son liberadoras y fuente de vida.
Jesús convierte sus palabras en obras, dando una coherencia total a su mensaje.
Jesús habla y su propia palabra trasforma la realidad de quienes le escuchan. El
mal del endemoniado sale de él tras escuchar la Palabra de Jesús.
La liberación endemoniado habla claramente de un mensaje regenerador, de una
buena noticia que crea una nueva vida al que le escucha. Hay que tener en cuenta
el estigma que suponía en esa época la enfermedad y el sentido teológico de
castigo por las faltas propias o paternas que tenía. Jesús se dirige a él directamente
y le libera.
Cuando el endemoniado escucho la orden de Jesús se retorció y dio un grito antes
de salir. ¿Qué pasa en nuestros corazones cuando escuchamos el mensaje de Jesús
que denuncia nuestras miserias y anuncia que podemos vivir de otra manera? ¿No
se retuercen en cierta forma nuestros estómagos cuando vemos imágenes de dolor,
de la guerra, de sufrimiento?
Pues ojala ese retorcerse sirva para que la apatía, la pereza la comodidad, el
conformismo o el fatalismo salgan de nosotros y dejen espacio en nuestro corazón
para el mensaje liberador del amor de Dios que nos empuje a cambiar primero en
nuestro interior para después poder contribuir a cambiar nuestro entorno.
No es un cambio indoloro, pero si es un cambio necesario
y liberador.
Julia Moreno y Maro Botica
Fraternidad Laical del Olivar (Madrid)