Pistas para la Lectio Divina...

Mateo 25,31-46:
Ver y amar a Jesús en los hermanos. “Cada vez que lo hicieron con el más pequeño de mis hermanos, lo hicieron conmigo”
Autor: Padre Fidel Oñoro CJM

Fuente: Centro Bíblico Pastoral para la America Latina (CEBIPAL) del CELAM  

 

 

Iniciamos esta Primera Semana de Cuaresma contemplando a Jesús en el desierto, y hemos visto como allí Él renueva su “sí” al Dios que lo había reconocido públicamente como Hijo suyo en el Bautismo. Allí Jesús nos reveló las intenciones de su corazón y ratificó sus opciones de vida colocando por encima de todo la Palabra y el querer del Padre.

 

Jesús no ha querido valerse de su condición de Hijo para ganar nada de este mundo, elige nuevamente el vaciamiento y la humildad como actitudes fundamentales en la realización de su misión.

 

En este día, la Palabra nos coloca en el mismo horizonte de Jesús, invitándonos a vivir, como Él, en función del otro, de los otros, y haciendo del amor a Dios y a los hermanos la meta fundamental de nuestra vida.

 

El evangelio de hoy nos proyecta en el momento final. Más que una parábola nos encontramos ante una representación escénica del Juicio final con imágenes contundentes. En el centro está Jesucristo, Rey universal, ante quien todas las generaciones de la tierra deben comparecer para recibir la sentencia definitiva. Pero este Rey Glorioso es diferente de los reyes de la tierra, es un Rey con actitudes y corazón de Pastor que aún dando la sentencia, respeta y ama.

 

La escena está estructurada a partir de  la contraposición de dos grupos: los que están a la derecha y los que están a la izquierda.

 

El juicio que el Rey pronunciará entonces, será el mismo que hoy nosotros hacemos ante el pobre. En realidad seremos nosotros mismos quienes daremos el juicio, acogiendo o rechazando al pobre, al pequeño. El Rey solamente hará la constatación final de lo que hemos hecho, leerá públicamente lo que nosotros día a día hemos escrito con hechos.

 

Jesús, nos lo anticipa para que abramos los ojos. Ahora  estamos a tiempo de prepararnos un juicio favorable.

 

1.         El tema del Juicio es el amor concreto

 

El tema fundamental del juicio será el amor, las obras de  misericordia, expresadas en situaciones humanas bien concretas: hambre, sed, hospitalidad, desnudez, enfermedad, prisión.

 

Lo que se examinará serán directamente las acciones:tuve hambre, tuve sed... y me dieron... y me visitaron y vinieron a verme (25,35.36).

 

No bastarán los buenos sentimientos ni las palabras de aliento, sólo serán tenidas en cuenta aquellas acciones con las cuales hemos promovido, defendido, cuidado, protegido la vida del hermano.

 

2.         Jesús en los hermanos: el ejercicio cuaresmal del “ver” y “amar”

 

Tanto los justos como los condenados no parecen haber sido muy concientes de la presencia de Jesús en los hermanos, pues preguntan extrañados: “¿Cuándo te vimos con hambre, desnudo... enfermo...?” (25,37.44).

 

Pero Jesús haciendo énfasis en este aspecto, nos está diciendo cuánto sea importante y decisivo que lo reconozcamos en las personas, particularmente en aquellos más necesitados, los pequeños. En verdad, en verdad les digo: ‘Cuanto hicieron... o dejaron de hacer con uno solo de estos mis hermanos más pequeños... a mí me lo hicieron, o dejaron de hacerlo(25,40.45).

 

Jesús reafirma su identificación con los pequeños, en ellos tenemos su visibilidad concreta. Son ellos el lugar privilegiado donde Él se nos revela día a día. Es parte esencial de nuestra fe cristiana, de nuestra fe pascual: el Resucitado se ha escondido en las personas, allí lo encontramos, allí lo amamos, allí lo servimos.

 

Talvez, para Jesús los “más pequeños” son sus mismos discípulos, los que son llamados a recorrer el mismo camino de vaciamiento y pequeñez que el ha recorrido. Así lo reveló a Saulo que perseguía a los cristianos: “Yo soy Jesús a quien tu persigues(Hechos 9,5).

 

3.         Algunos “tips” para vivir este evangelio

 

En la persona más cercana, aquella que sentimos más molesta, más extraña o incapaz, está Jesús mismo que camina a nuestro lado; ése es el que Jesús llama “mi hermano más pequeño” (25,40.45).

 

Cuando expresamos nuestra atención y nuestra ternura a aquellos que a los ojos de los humanos no cuentan tanto, aquellos que consideramos últimos, estamos amando efectivamente a Jesús que por amor a nosotros se hizo el último y cargó sobre sí nuestras limitaciones, fragilidades y pecados.

 

Cuando amamos de corazón a estos pequeños, estamos reproduciendo en nosotros los mismos sentimientos de Jesús, que pasó por este mundo derramando la ternura y compasión del Padre sobre los más desheredados de la tierra.

 

De esta manera Jesús nos ha trazado el camino para realizarnos realmente como hijos de Dios.

 

El riquísimo y profundo mensaje de Jesús en este día nos enseña enfáticamente que nuestro destino eterno se juega en nuestra capacidad de “ver” y “amar” al Señor en los hermanos, en los más pequeños.

 

La Palabra del Maestro sigue resonando. Que ella toque nuestro corazón y encienda en él el fuego de su mismo amor.

 

 

Cultivemos la semilla de la Palabra en el corazón.

 

1.         ¿Cuáles son los criterios claves con base en los cuales se nos juzgará al final?

 

2.         ¿En nuestro entorno cuáles son las personas que son menos tenidas en cuenta a los ojos de los demás; personas consideradas “últimas”? ¿Qué estamos dispuestos a hacer por ellas?

 

3.         ¿A qué persona o personas concretas que viven en situaciones de hambre, sed, desnudez, enfermedad, prisión, les hemos tendido una mano como comunidad? Si no lo hemos hecho, ¿Cómo lo podemos hacer?

 

 

Desgarren sus corazones y no sus vestiduras

“¿Por qué desgarrar el corazón si no es para derramar la caridad? … No cerremos las entrañas de nuestra misericordia al prójimo que está en la indigencia”

(San Bernardo, “Sermón de Cuaresma”)