IV Domingo de Adviento, Ciclo A

Mateo 1, 18-24

Autor: Padre Francesc Jordana Soler

 

 

Está terminando el Adviento, ya estamos a las puertas de la Navidad. Podríamos decir que el Adviento es como una carrera, una carrera que acaba en la Navidad y  su octava –ya sabéis que la Iglesia celebra la Navidad durante 8 días-.  En función de cómo hemos vivido esta carrera, en función del esfuerzo y dedicación que hemos puesto, en función de nuestra esperanza, el premio al llegar será uno o será otro. Dios no nos puede comunicar sus gracias sin nuestra colaboración.

 

Podríamos decir que ahora –en estos dos días- nos queda hacer el esprint final de esta carrera.

• Por un lado, si hemos ido corriendo bien, tan sólo nos hace falta apretar un poco más, intensificar nuestra contemplación del misterio que se acerca, abrirnos a su acción, esperar su irrupción en nuestra vida.

 

• Por otro lado, es posible que para muchos el Adviento no haya supuesto ningún cambio en su manera habitual de vivir la fe, si nuestra carrera aún no ha empezado, tranquilos, no está todo perdido, todavía podemos apretar en estos días que quedan.

 

Lo dije al inicio del Adviento y lo repito: la espiritualidad de la Iglesia es litúrgica, es necesario que la nuestra también lo sea.

 

En esta carrera hay premio para todo aquel que llega corriendo. Lo que sea, menos llegar caminando y sin esperanza... pensando: “bueno, otra Navidad”. Dios quiere hacer maravillas en nosotros!. Hace falta que deseemos que las haga.

 

Cuando digo que nos hace falta correr, cuando digo que nos hace falta hacer un esprint final quiero decir que todos, yo el primero, hemos de dedicar más tiempo al Señor, quiere decir detenernos de tantas prisas, detenernos de tantas preparaciones, de tantos regalos, de tantas comidas, detenernos de que todo quede perfectamente decorado, ... Pararnos de todo esto y centrarnos en lo que es realmente importante: la contemplación de Jesús que viene para renacer en mí de una manera nueva y desconocida. No podemos esperar “más de lo mismo”, viene para renacer en mí de una manera nueva y desconocida. Nos hace falta darle espacio, abrirnos,  contemplar el misterio y que nos penetre con todo su mensaje. Dios no nos puede dar sus gracias sin nuestra colaboración.

 

No reduzcamos la Navidad a la misa solemne del Gallo, a una buena cena o una buena comida, y a cantar 4 villancicos y ya está, y hasta el año que viene. Porqué si lo vivimos así, la Navidad no cambia nuestras vidas. .

 

Las lecturas de hoy –entre otras cosas- pretenden comunicar una idea: dejar claro el origen divino de Jesús.

 

En la primera lectura el profeta Isaías ya profetizaba: “(Pues el Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad la virgen está encinta y da a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa: “Dios-con-nosotros”.)

 

San Pablo decía: “Este evangelio de Dios se refiere a su Hijo, nacido según la carne de la estirpe de David, constituido según el Espíritu Santo, Hijo de Dios”.

 

Y al relato del evangelio queda muy claro que “María desposada con José, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu santo”.  

Divinidad que hace que Jesús no quede en el pasado, sino que pueda formar parte de nuestro presente. Divinidad que da sentido a nuestro seguimiento de su persona. 

Nos hemos acostumbrado demasiado a la Navidad y ya no nos maravilla la realidad que nos anuncia: “Dios que se hace hombre”. Decía que nos hace falta contemplar el misterio. No nos quedemos en el enunciado, entremos en contacto con lo que quiere decir.  

El misterio de Navidad es muy rico, son muchas las dimensiones que os animo a contemplar y profundizar:

     .    Dios se hace hombre ...

     .    Para que el hombre participe de la vida de Dios ...

     .    Muy grande ha ser lo que nos quiere ofrecer para que Dios se haga uno de nosotros.

     .    Dios para actuar necesita colaboradores (María ..)

     .    En la vida hay cosas que no las entendemos, como hoy San José (imaginad qué días de desasosiego pasó antes de recibir la comunicación del Señor).

     .    Jesucristo nace pobremente, en un lugar frío, húmedo, sucio y que hacía peste. Y esta pobreza forma parte del plan de Dios. Su pobreza ha de cuestionar nuestra riqueza.   

Todas estas dimensiones y otras las tendríamos de ir meditando esta semana por tal de llegar al final de la carrera que iniciamos ahora hace 4 semanas, bien preparados para acoger los dones del Señor.  

Ignoramos cuáles serán los dones particulares que el Señor nos concederá en estos días: pero imposible que no estén si nosotros le abrimos el corazón. Dios quiere hacer maravillas en nosotros, lo que pasa es que no nos lo acabamos de creer, nos falta esperanza.