III Domingo de Adviento, Ciclo A

Mateo 11, 2-11

Autor: Padre Francesc Jordana Soler

 

 

Queridos hermanos,

 

Estamos celebrando y viviendo el III domingo de Adviento. A este domingo se le llama domingo gaudete, domingo de la alegría. Hoy la liturgia nos hace una invitación a la alegría, al gozo. No a una alegría de contar chistes, sino a una alegría interior, profunda, espiritual, que nace de nuestra esperanza: el Señor viene, está cerca, y quiere renacer en nosotros de un modo siempre nuevo.

 

La primera lectura está plagada de frases que manifiestan alegría: “El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrarán el  páramo y la estepa, florecerá como flor de narciso, se alegrará con gozo y alegría. Mirad a vuestro Dios, viene en persona, resarcirá y os salvará. Volverán los rescatados del Señor, vendrán a Sión con cánticos, en cabeza, alegría perpetua; siguiéndolos, gozo y alegría. Pena y aflicción se alejaran”. Ésta debe ser nuestra actitud ante el Señor que viene: alegría y gozo. 

 

La oración colecta de este domingo dice: “Concédenos llegar a la Navidad, fiesta de gozo y salvación, y poder celebrarla con alegría desbordante”. Otra invitación a la alegría que nos hace la liturgia.

 

Se acerca la Navidad y está bien alegrarse por las comidas familiares, por los reencuentros, todo eso está bien... pero para nosotros eso es insuficiente. Si nuestra alegría sólo proviene de allí, es una alegría igual que la de los paganos.

 

Nuestra alegría, la alegría cristiana, de estos días se fundamenta en que Jesús viene con la intención de renacer en nuestros corazones. Estamos alegres y gozosos porque vamos hacer presente un acontecimiento que nos dará luz y gracias para vivir más profundamente nuestra vida cristiana, sobretodo por eso, estamos alegres.

 

Pero esta alegría y gozo cristianos sólo se dan en nosotros cuando hay una esperanza fuerte, en un deseo intenso, de que él venga y renazca en nosotros.

 

Vigilemos, porque es muy fácil caer al final en una alegría navideña por… y no por el motivo espiritual y cristiano por el que hemos de estar alegres: Cristo renace en nosotros.

 

Examinemos esta semana qué es lo que nos llena de gozo y alegría y hagamos las correcciones pertinentes.

 

Esta alegría también se manifiesta en el evangelio de hoy cuando se dice:  

“Los ciegos ven, y los inválidos andan, los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen, y a los pobres se les anuncia el evangelio”.  

Pero esta Palabra la hemos de traer al presente y aplicárnosla a nosotros. Y entonces descubriremos que nosotros somos esos “ciegos”, esos “inválidos”, esos “leprosos”, esos “sordos”, esos “pobres”, y que estamos alegres porque el Señor viene para salvarnos de todo ello. Somos...

 

. “Ciegos” porqué no vemos las grandezas que el Señor quiere hacer en nosotros.

. “Inválidos” porqué parecemos incapaces de acercarnos para vivir la eucaristía entre semana.

. “Leprosos”, porqué el pecado desfigura en nosotros la imagen de hijos e hijas de Dios.

. “Sordos” porqué no queremos escuchar a Jesucristo en el Evangelio y preferimos escuchar qualquier estúpido que habla por TV.  

Por eso, nosotros somos estos “desvalidos” que necesitamos que Jesús renazca en nosotros. La alegría de este domingo viene de aquí: se acerca aquel que nos sacará de nuestra ceguera, de nuestra sordera, por eso lo esperamos con vigor, porqué obrará un gran milagro en nosotros. Un santo definía la vida cristiana: “como la espera constante del milagro de nuestra conversión”.  

Hoy estamos celebrando el Domingo gaudete, el Domingo de la alegría, alegría porqué el Señor viene a liberarnos de esta naturaleza pecadora y ofrecernos una nueva manera de vivir la vida.      

Por tanto, tomemos nuestra flaqueza, nuestra pobreza, pero alegrémonos porqué el Señor viene para sacarnos de esta situación, y hacer de nosotros criaturas nuevas. El Señor viene para hacernos participar de su naturaleza divina, hacer de nosotros criaturas divinizadas, hijos e hijas de Dios.