Fiesta de la Sagrada Familia, Ciclo A

Mateo 2, 13-15. 19-23

Autor: Padre Francesc Jordana Soler

 

 

Celebramos hoy la fiesta de la Sagrada Familia, que es modelo para nuestras familias. Nuestras familias deberían tender parecerse a la familia de Nazaret. En el plan de Dios está que nuestras familias sean cada vez más parecidas a la de Nazaret. 

 

Y esto no es una frase bonita y ya está, es una realidad. Hoy la Iglesia, inspirada por el Espíritu Santo, nos presenta la Sagrada Familia para que la tengamos presente, la contemplemos, nos la imaginemos, y vayamos imitando sus virtudes domésticas. Por eso decíamos en la oración colecta: “Dios, Padre nuestro, que has propuesto a la Sagrada Familia como ejemplo a los ojos de tu pueblo, concédenos, te rogamos, que imitando sus virtudes domésticas y su unión en el amor, lleguemos a gozar de los premios eternos”.

 

Dios nos la pone como ejemplo ante nuestros ojos. Sería bueno que al surgir una dificultad familiar nos preguntaramos: ¿ y en la familia de Nazaret cómo habrían enfocado este tema, esta dificultad? Y pedir luz a Jesús, María y José. Hemos de aprender a mirar.

Las lecturas de hoy nos presentan distintas facetas para que vayamos caminando en la dirección de la Sagrada Familia. 

 

La primera lectura hace un encendido y entrañable elogio de la necesidad de honrar a nuestros padres. “El que honra a su padre expía sus pecados, el que respeta a su madre acumula tesoros”. La lectura va nombrando los beneficios de honrar a los padres hasta que acaba con unas palabras que nos deberíamos aplicar todos : “Hijo mío, sé constante en honrar a tu padre, no lo abandones mientras vivas; aunque chochee ten indulgencia, no lo abochornes mientras vivas”

 

Hoy en día tendemos a aparcar a los abuelos en las residencias. Habrá muchas causas, pero la más determinante es que cada vez se ama menos. No sabemos amar. Sólo buscamos nuestras comodidades y en eso los abuelos son un obstáculo. Si hay amor verdadero, si hay capacidad de sacrificio, de renuncia a uno mismo, entonces se sabe encajar al abuelo en casa. La madre Teresa de Calcuta decía: “Hay que amar hasta que duela”. Y lo curioso del caso es que cuando nos buscamos a nosotros mismos y aparcamos a los abuelos somos infelices y cuando los tenemos con nosotros, con todo lo que ello supone, entonces somos más felices, porque amamos más.

 

Y el evangelio nos presenta a la familia de Nazaret. A la luz de la Sagrada familia me gustaría hacer dos consideraciones:

 

La primera es que Maria y José han recibido un don, a Jesús, y con ese don un encargo, una misión, educar a Jesús. Ese don, ese encargo, supone que reciben la autoridad para educar a Jesús, reciben las gracias necesarias para educarlo.

         

También vosotros padres (y también los abuelos que hacen de padres), al recibir el don de un hijo (nieto), estáis recibiendo la autoridad para educarlo. La autoridad significa que en unión con Cristo tenéis el auxilio de la gracia de Dios para desarrollar esa tarea. Si los padres no creen en la autoridad de educar no podrán educar. Ante las dificultades, muchas veces se sienten desarmados, y más que acudir a Cristo acuden al psicólogo. Es esencial que los padres crean en su autoridad. La crisis de obediencia es primero una crisis de autoridad. Hay padres que no creen en la capacidad que tienen de educar unidos a Cristo, hay padres que no creen que Dios les fortalezca y les ayude en su día a día para educar. Debe haber una confianza, una esperanza en la acción de Dios sobre el padre y la madre.

 

Sin la conciencia de que tienen el auxilio de la gracia para desarrollar la educación desaparece la capacidad vivificadora que les otorga su estado particular.

 

Una definición de educación que leí hace poco y me gusto, dice que educar “no es tener al niño reprimido o distraído, sino estimularle continuamente a dejar lo menos bueno por lo mejor

 

La segunda idea es que la Casa de Nazaret es la primera iglesia doméstica. Desde los primeros siglos se ha dicho que la familia es una iglesia domestica. ¿Qué significa esto? Significa que la familia es un ámbito donde los padres transmiten la fe, hablan de Jesús, les enseñan a rezar. Estoy leyendo su autobiografía en  el capítulo donde habla de su primera educación dice: “Mi padre todos los días, después de haber comido, que comíamos a las doce y cuarto, me hacia leer en un libro espiritual, y por la noche nos quedábamos un rato de sobremesa, y siempre nos contaba alguna cosa de edificación e instrucción al mismo tiempo hasta que era la hora de ir a descansar”. Así se hace un santo. Esto es poner medios para que los hijos sean santos.

 

Pienso que las familias de hoy, que quieran vivir cristianamente han de hacer un ejercicio de creatividad, movidos por el Espíritu Santo donde descubran, en esta sociedad tan compleja, cómo conseguir transmitir la fe a los niños, adolescentes y jóvenes.

Les estamos perdiendo para Dios y nos quedamos cruzados de brazos. No lo entiendo... Ya no sirven los medios que aplicaron con nosotros, porque el ambiente era totalmente cristiano. Ahora, que todo es bastante contrario, hace falta poner ingenio para transmitir la fe… Hay que ser astutos …