Epifanía del Señor

Mateo 2, 1-12

Autor: Padre Francesc Jordana Soler

 

 

Celebramos hoy la Solemnidad de la Epifanía. Epifanía significa manifestación. Celebramos hoy la manifestación de un Dios que se reveló en la historia como luz del mundo,  para guiar e introducir a la humanidad en la tierra prometida, donde reinan la libertad, la justicia y la paz.

 

Por lo tanto, en la solemnidad de hoy no solo recordamos aquello que paso hace 2000 años cuando los magos de oriente adoraron al niño Jesús, sino que celebramos que Dios quiere manifestarse en nuestra historia personal como luz para guiarnos por el camino de la libertad, la justicia y la paz y de este modo encontrar la vida en plenitud que Él nos viene a traer.

 

Me gustaría centrarme en tres dimensiones que esta solemnidad nos iluminan:

 

La primera es que Cristo es la luz. La Epifanía es misterio de luz. En aquella noche en Belén había una estrella que había iluminado a los magos en su camino y que iluminaba con singular intensidad el establo de Belén. Pero el misterio de la Epifanía se refiere a una luz mucho más potente: Cristo. Cristo es el verdadero manantial luminoso, Cristo es el sol de nace de lo alto. Cristo es la luz y en el no hay tiniebla alguna.

 

Cristo es luz para todos, para toda la humanidad, sin exclusión de nadie. Los Magos de Oriente representan precisamente los pueblos paganos, los pueblos a los que Dios todavía no se había manifestado. Los Magos de oriente son un signo de la universalidad de la salvación que Jesús viene a traer.

 

Y cuando la Iglesia dice que Cristo es luz para todo hombre que ha venido a la existencia lo dice porque es así, no lo dice en un sentido figurado o simbólico. Cristo está llamado a ser luz para todos:

          .         también para ese familiar tan rebotado de la fe que dice que él pasa de estas cosas.

          .         también para aquel familiar que es tan buena persona y que dice que cree a su manera.

¡¡Digan lo que digan … !! viven una existencia gris, donde falta el color y el calor de una relación con Cristo que lo transforma todo.

          .         también los musulmanes están llamados a ser iluminados por Cristo. Cristo es la plenitud de la revelación. Él es la Palabra del Padre que desea y espera ser acogida por todos.

En una época como la nuestra donde se habla tanto del diálogo interreligioso, puede sorprender lo que digo, pero es así: Cristo está también llamado a ser luz para los musulmanes y los miembros de otras religiones. Por eso Juan Pablo II en el primer punto de la RM (Redemptoris Missio) dice: “A finales del segundo milenio después de su venida, una mirada global a la humanidad demuestra que la misión se halla todavía en los comienzos”. Cristo está llamado a ser todo en todos. Por eso San Pablo nos decía hoy: “también los gentiles son coherederos, miembros del mismo cuerpo y participes de la promesa en Jesucristo”.

 

La segunda dimensión que esta solemnidad nos ilumina es la Epifanía de Dios, es la manifestación de Dios en el niño de Belén. En el niño de Belén se da la culminación de la autorrevelación de Dios a Israel y a todas las naciones. Dios Padre se revela a sí mismo en Cristo, por eso decía antes que Cristo es la Palabra del Padre. El Padre se ha revelado plenamente y ha aparecido Cristo, su Hijo. El rostro del Hijo revela el del Padre.

 

Y Dios se revela en la humildad de un niño, en la pobreza del establo, en la condición de siervo, más aún, de crucificado. Y todo ello nos permite conocer cómo es Dios verdaderamente. Decía el Papa en la homilía de nochebuena el año pasado: “La señal de Dios es la sencillez. La señal de Dios es el niño. La señal de Dios es que Él se hace pequeño por nosotros. Dios se ha hecho pequeño para que nosotros pudiéramos comprenderlo, acogerlo, amarlo.”

 

La tercera dimensión, en la que vale la pena detenernos un momento, es que esta solemnidad de la Epifanía desea comunicarnos gracias para acelerar la construcción de nuestra personalidad como una cristofanía. Cristofanía significa manifestación de Cristo. Cada celebración litúrgica nos quiere comunicar unas gracias concretas, en esta el Espíritu Santo quiere que nuestra personalidad sea más intensamente una Cristofania y de este modo hagamos luz allí donde estemos. Si Cristo es la luz y nosotros hemos de ser manifestación de Cristo, entonces también nosotros debemos ser luz. 

 

Estamos llamados a ser cada uno de nosotros una manifestación de Cristo, que él se transparente en mí, que el se manifieste en mí, que él se vea en mí. Estamos llamados a ser luz, luz para nuestras familias, para nuestros vecinos, para nuestros amigos, para nuestros compañeros de trabajo .. quizá no conocen a Cristo pero viendo nuestros actos, nuestra luz, se acercaran a Cristo. El mismo JC nos lo decía: “para que viendo vuestras buenas obras glorifiquen al Padre”.

 

Y acabo con una última idea, citando a Benedicto XVI, en su homilía de la Epifanía del año pasado: “Hemos vistos su estrella en oriente y venimos a adorarlo”. Lo que nos maravilla siempre, al escuchar estas palabras de los magos, es que se postraron en adoración ante un simple niño en brazos de su madre, no en el marco ce un palacio real, sino en la pobreza de una cabaña en Belén. ¿Cómo fue posible? ¿Qué convenció a los Magos de que aquel niño era el rey de los judíos y el rey de los pueblos?. Porque aunque eran hombres cultos, eran personas íntimamente abiertas a la verdad.”

Queridos hermanos y hermanas que esta obertura a la Verdad (con mayúscula) y no a nuestras pequeñas verdades nos acompañe a lo largo de todo este año. Amén.