Bautismo del Señor

Mateo 3, 13-17

Autor: Padre Francesc Jordana Soler

 

 

En esta fiesta del bautismo del Señor contemplamos la escena del bautismo de Jesús. Y si uno se para, la contempla y se introduce en ella (“como si presente me hallare”), -que es lo que deberíamos hacer antes de venir a misa, para vivirla más fructuosamente- se va fijando en algunas cosas que no son fáciles de explicar.

Dos cosas sorprenden de esta escena: la primera es que Jesús se pone a la cola de los pecadores, de los que necesitan conversión, de los que desean cambiar de vida. Pienso que hay dos motivos para que haga este gesto enigmático y sorprendente. El primer motivo es una interpretación muy personal, el segundo viene sugerido por el Papa en su libro sobre Jesús: 

a)    Si Jesús el Hijo de Dios, nuestro Señor, igual en todo a nosotros excepto en el pecado, y humildemente se ha puesto a la cola de los pecadores es para que nosotros comprendamos con mayor profundidad y penetración hasta qué punto nosotros somos pecadores. Nos está dando una lección de valentía: no os dé miedo reconoceros pecadores, reconoceros débiles, necesitados de salvación. Jesús nos precede, para iluminar nuestro camino hacia el reconocimiento del pecado, por esto él se ha puesto delante.  

Nos está dando una lección de humildad: él el Hijo de Dios, en la cola de los pecadores, y nosotros, detrás de Jesús, nos ponemos también humildemente en esa cola.

¡Qué bien se está en esa cola, en la cola de los que se ven pequeños e imploran que Dios les ayude!

Es la cola de los que tienen fe: fe en un Dios presente en la vida de los hombres. Es la cola de los que tienen esperanza: esperanza de que su vida será distinta si Dios habita en ella. ¡Qué bien se está en esa cola, detrás de Jesús!. Gracias Señor por ponerte delante y mostrarnos el camino.

 

b)      El segundo motivo por el cual Jesús se pone en la cola de los pecadores es para asumir con su bautismo el pecado de los hombres. Al entrar en el agua los bautizados reconocen sus pecados y tratan de librarse del peso de sus culpas. Jesús al entrar en esas aguas está cargando con las culpas de toda la humanidad. Empieza su vida pública tonando sobre sí el pecado de los hombres. Y todo esto recibirá una nueva luz a partir de su muerte y resurrección.

 

El segundo aspecto que causa sorpresa es que Jesús sea bautizado por Juan el Bautista. Es sorprendente. Pensemos que Juan tenía sus seguidores y que en lógica humana es más el que bautiza que el que es bautizado. Esto en la iglesia primitiva suscitó controversias entre los seguidores de Jesús y los seguidores de Juan. Y este elemento lo destaco como un signo de la historicidad de los evangelios.  

 

Los evangelios recogen la historia de Jesús, incluso aquellos aspectos que son “perjudiciales” – entre comillas- para la comunidad cristiana naciente: como pueda ser el bautismo de Jesús o las negaciones de Pedro.

 

Volvamos a contemplar el bautismo de Jesús. Hoy el  Espíritu Santo a través de la Iglesia y de la liturgia nos propone contemplar el Bautismo de Jesús para profundizar en nuestro propio bautismo. Como mejor entendamos el significado de nuestro Bautismo mejor podremos vivir nuestra vida cristiana.

 

El bautismo de Jesús nos muestra que Jesús es lleno del Espíritu Santo. Y en nuestro bautismo lo que recibimos es también el Espíritu Santo.

 

Esto nos ayuda a entender que Cristo no sólo nos dice como hemos de vivir, sinó que nos da la fuerza para poderlo vivir. En el grupo de adolescentes cuando pregunto: quién era JC? Me  responden: “Jesús es un modelo de conducta”. No es incorrecto pero sí insuficiente. Jesús es mucho más que esto. Como a Hijo de Dios nos da  su mismo Espíritu, el Espíritu Santo, para poderlo seguir.

La salvación que nos trae Cristo no es sólo una ética, unas normas de comportamiento. Es una fuerza interior. Su misma fuerza. Su principio vital  (Espíritu Santo) que nos posibilita vivir con facilidad como él vivía.

 

Estamos llamados a que en nosotros vaya creciendo esta vida divina, estamos llamados a que en nosotros vaya creciendo esta presencia del Espíritu Santo. Y entonces nosotros iremos siendo transformados: 

 

·         Nosotros podemos dar la vida por nuestros hermanos como hizo Cristo, porque tenemos el mismo Espíritu  que Cristo. Un espíritu que me inclina a dar la vida ...

·         Nosotros podemos vivir como  providencial una desgracia en nuestra vida ya que tengo el mismo Espíritu de Cristo que me dice “no caerá un solo cabello de tu cabeza sin que  tu Padre lo sepa”,

·         Nosotros podemos vivir con humildad y amor una humillación pública, porque tengo el mismo Espíritu del Cristo que me da la humildad de Cristo en la pasión.

·         Nosotros podemos perdonar y amar a aquel pariente mío o aquel vecino que tanto me ha herido, porque tengo dentro de mi el mismo espíritu de Cristo que me hace decir “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen” ...  

Esto es la vida cristiana: que vaya creciendo en nosotros la presencia y acción del Espíritu Santo. De los medios que nosotros pongamos dependerá esa presencia del Espíritu en nosotros.