II Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo A

Juan 1, 29-34

Autor: Padre Francesc Jordana Soler

 

 

Empezamos hoy el tiempo ordinario, en el cual vamos contemplando a lo largo de las semanas la predicación y los milagros de Jesús. La finalidad de este tiempo es que conozcamos más a Jesús: su mensaje, sus actitudes, sus criterios, su manera de entender la relación con Dios. Pero no se trata de ir conociendo todo esto en plan de erudición, sino que se trata, sobretodo, de ir descubriendo el amor de Cristo, sus cualidades, su amabilidad, su bondad, su cercanía, su no buscarse a sí mismo por el bien de todos y cada uno. Hemos de ir descubriendo en las distintas escenas que se nos irán presentando el amor que Cristo nos tiene a cada uno.

 

Porque si nos encontramos con el amor de Dios, entonces podremos vivir nuestra vida cristiana con gozo y plenitud.

 

Hoy el Espíritu Santo a través de la Iglesia, a través de la liturgia, quiere que al empezar el tiempo ordinario, profundicemos en la identidad de Jesús. Antes de contemplar lo que hacía y decía que nos quede claro quien era, por eso hoy las tres lecturas nos iluminan, desde distintos puntos de vista este aspecto.

 

Sólo si entramos en este camino de ver a Jesús como Dios que nos comunica su propia vida, estaremos en la actitud necesaria para poder sacar provecho de todo lo que él nos quiere comunicar a lo largo de este año litúrgico.

 

Pienso que lo que da sentido y fundamento a que 2.000 años después estemos reunidos en su nombre es su identidad como Hijo de Dios. No es lo mismo que Jesús sea un hombre que ha tenido una experiencia muy peculiar de Dios a que él sea el Hijo de Dios. No es lo mismo. Es muy distinto y con consecuencias muy diversas:

 

Si Jesús es sólo un hombre entonces lo estamos  situando en el pasado y lo máximo que podremos hacer es leer lo que hizo y lo que dijo, y ya está. En cambio si es el Hijo de Dios entonces Él está vivo! Él está presente en mi vida, en mi historia! Entonces ya no queda en el pasado sino que puedo relacionarme con  él, encontrarme con él y establecer con él una amistad! Y él comunicarme su luz, su gracia, su Espíritu.

 

Si Jesús es sólo un hombre: ¿qué es la eucaristía? ¿Qué es un sacramento? ¿Qué es la Iglesia?. Si él es sólo un hombre todo eso es sólo un montaje humano.  

 

Pero si Él es Hijo de Dios, entonces la eucaristía, los sacramentos, la Iglesia, son su modo de continuar presente a lo largo de la historia para continuar su acción salvadora entre nosotros. Por eso su identidad es un tema crucial. Por eso cuando se ataca a Jesucristo desde los medios de comunicación este es el punto que siempre se quiere poner en duda: su divinidad. Yo, personalmente, puedo decir que no lo dejo todo por seguir  a un hombre ... mi seguimiento radical sólo lo merece Dios.

 

Siguiendo en esta línea hoy Juan el Bautista llama a Jesús : “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”. Y luego dice de Jesús: “Este es el Hijo de Dios”. Es una doble confesión de la divinidad de Jesucristo porque sólo Dios puede quitar el pecado del mundo.

 

Hoy me gustaría profundizar un poco en esta expresión: “Cordero de Dios”, que decimos en el gloria y también en la fracción del pan (momento importantísimo de la eucaristía). Es una expresión interesante porque nos indica cómo es Jesús y cual es su misión. Hemos de contemplar, meditar esta expresión: “Cordero de Dios que quita el pecado del mundo”.

 

Esta expresión tiene su origen en el éxodo, cuando Dios liberó a su pueblo del yugo de los egipcios. Dios  ordenó a los hebreos inmolar por familia un cordero, comerlo a medianoche y marcar con  su sangre el dintel de la puerta. Gracias a este signo en la puerta el angel exterminador los perdonaría cuando viniera para herir de muerte a los primogénitos de Egipto. Por tanto, gracias a la sangre del cordero fueron rescatados de la esclavitud de Egipto.

 

Es a partir de aquí, y de otros textos, que la tradición cristiana ha visto en Cristo el verdadero Cordero de Dios. Jesús es el cordero sin tara, que rescata a los hombres con el precio de  su sangre, así él nos libra de la tierra del pecado para que caminemos por sendas de justicia y verdad.

 

Antes en la misa se le decía “fraccio panis” (fracción del pan) porqué entendían que era un momento muy importante de la celebración.  Cuando el sacerdote rompe el pan, cuando lo parte, diciendo “Cordero de Dios .. “ con este gesto y estas palabras está haciendo visible la donación de Cristo, que Jesús se rompe, se parte, se da muriendo por nosotros. Es un gesto que hace visible su donación total por nosotros. Gesto que es

necesario que sea acogido por nosotros con una profunda acción de gracias (eucaristía).