IV Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo A

Mateo 5, 1-12a

Autor: Padre Francesc Jordana Soler

 

 

Muchos santos y teólogos dicen que en el sermón de la montaña se haya la culminación del mensaje de Jesús, la expresión más perfecta del mensaje de Jesús. Y en esa culminación, la cima es alcanzada por las bienaventuranzas. Por lo tanto estamos ante la expresión más perfecta del mensaje de Jesús.

 

El papa en su libro sobre Jesús de Nazaret dice que las bienaventuranzas son la nueva torá que Jesús ofrece al mundo. Moisés comunicó al Pueblo de Israel la torá (los 10 mandamientos) y Jesús comunica –sin eliminar la antigua- una nueva torá: las bienaventuranzas. 

Las bienaventuranzas son muy sencillas en su expresión, pero alcanzan una profundidad en la que nos perdemos. Hoy a nosotros nos cuesta vivirlas no sólo por su profundidad sino también porque nos propone unos valores que son los contrarios a los que el mundo nos propone. 

En las bienaventuranzas vemos que la escala de valores de Dios no es la del mundo. El mundo busca el  bienestar, el poder, la influencia, el dinero. Y frente a ello Jesús propone: pobreza de espíritu, hambre y sed de justicia, misericordia, limpieza de corazón,…

Las bienaventuranzas nos dibujan perfectamente la interioridad de Jesús, que es nuestro modelo como persona, porque él vive la plenitud de lo verdaderamente humano. 

Pensemos qué vivencia espiritual tan peculiar debía tener Jesús para proclamar las bienaventuranzas. Es bueno meternos dentro de Jesús e imaginar que debía el vivir para manifestarse de esa manera tan peculiar. Nosotros estamos llamados a reproducir en nosotros ese misma experiencia interior, para poder también nosotros decir “bienaventurados los que ...”. 

Es conveniente destacar que las bienaventuranzas vienen precedidas de una palabra: “Felices”. Jesús con las bienaventuranzas nos indica el camino de la felicidad. Jesús nos llama a crecer en nuestra asimilación de su mensaje de manera queseamos más felices.  

Voy a comentar brevemente las bienaventuranzas:  

    Felices los pobres de espíritu: Esto es, los humildes, los que se ven pequeños, necesitados constantemente de la gracia de Dios, los que reconocen sus errores, los que lo ven todo desde Dios, los que aceptan el misterio en su vida… 

·     Felices los que los sufridos y los que lloran ... que bienaventuranza más extraña, parece una paradoja. Dice el Papa en su libro: “Con Jesús, entra la alegría en la tribulación”. Cuando leemos biografías de santos –tarea altamente recomendable- lo constatamos: ellos han experimentado alegría en la tribulación, en la adversidad. A nosotros quizá se nos hace extraña esta bienaventuranza porque quizá no la hemos vivido nunca. Con Jesús en nuestra vida las lágrimas, los sufrimientos, adquieren otro cariz, otro sentido, otra dimensión…. Porque experimentamos su consuelo… 

·     Felices los tienen hambre y sed de hacer justicia.  ¿Sentimos esta hambre y esta sed por la justicia?, ¿nos duele como algo propio las violaciones de los derechos humanos que hay en el mundo?. Estamos llamados a formar un solo cuerpo, la mano se duele de lo que le ocurre al pie, porque forma parte de su mismo cuerpo. El dolor del otro debemos vivirlo como un dolor propio. ¿Nos duelen las aberraciones legales que esta haciendo el actual gobierno? El divorcio “expres”, el matrimonio homosexual, la adopción por parte de homosexuales, el adoctrinamiento a través de ciertas asignaturas .. Hemos de tener hambre y sed de justicia. Movernos para que todo eso no ocurra. Y si al final ocurre al menos no será por nuestra falta de compromiso e implicación.         

·        Felices los misericordiosos, felices los que tienen misericordia, los que perdonan. ¡Cómo nos cuesta perdonar!. “Yo a ti ya no te hablo más … o lo justo”. “Esta me la vas a pagar”. “Perdono pero no olvido”. Cuanto resentimiento, cuanto rencor, cuanto nos gusta revivir en el daño que nos han hecho… que poca misericordia, y así vamos: infelices por el mundo. 

·        Felices los limpios de corazón. Un corazón de niño, que mira sin críticas, sin juicios, sin pensar mal, que mira con limpieza, sin sensualidades, que mira con benevolencia… 

·          Felices los perseguidos, injuriados, calumniados,  por causa del Reino. A nosotros nos da demasiado miedo decir que somos católicos, que vamos a misa, defender a la Iglesia y sus posturas. Todo el ambiente está en contra. ¿Y qué?. Mejor si nos persiguen, mejor si nos calumnian, mejor si nos atacan …. Jesús nos promete la felicidad si eso ocurre por causa suya. Hagamos experiencia de lo que Jesús nos dice, a ver qué pasa. Esta bienaventuranza debería llevarnos a tener más arrojo, más cara, más valentía, a no tener miedo alguno. Se nos están “comiendo” porque demasiadas veces somos unos cobardes.

No seremos pobres de espíritu, ...., ....,  a base de proponérnoslo, a base de esfuerzo, de voluntad, ese no es el camino. Todo esto son dones que hemos de pedir. “Sin mi nada podéis hacer”. En lo que más flojeamos eso es lo que hemos de pedir con más insistencia.   

Que esta comunión que vamos a vivir con JC nos haga más semejantes a él, y por lo tanto más capaces de vivir las bienaventuranzas. ..