I Domingo de Cuaresma, Ciclo A

Mateo 4, 1-11a

Autor: Padre Francesc Jordana Soler

 

 

No es una casualidad que en primer domingo de cuaresma la primera lectura sea la del pecado de Adán y Eva. No es una casualidad de que el primer domingo de cuaresma el evangelio proclamado sea las tentaciones de Jesús.

 

No es una casualidad. Porque al inicio de la cuaresma, el Espíritu Santo a través de estas lecturas nos presenta el núcleo de toda tentación: poner a Dios en segundo lugar, desconfiar de Él, no creer en el amor que Él nos tiene, y optar por lo que a nosotros nos parece mejor. Ese es el núcleo de toda tentación.

 

Todos nosotros tenemos una tendencia a vivir por nuestra cuenta, al margen de Dios, nuestro Padre, a proponernos nuestros propios fines y nuestros medios. Nos apoyamos en nosotros mismos, no queremos depender de Dios. En nosotros se repite –a veces sin darnos cuenta- el pecado de Adán y Eva, queremos ser autosuficientes, no depender de Dios, y acabamos tratando a Dios como una cosa más de nuestra vida.

 

Queremos llevarnos bien con Dios -evidentemente que sí-, pero a un mismo nivel, frene a frente, como en un tu a tu, como dos potencias que hacen sus pactos, que tienen sus relaciones. Y así nos negamos a vivir como hijos, cuyo alimento debería ser cumplir la voluntad del Padre.

 

Decimos que creemos en Dios pero en el fondo queremos vivir nuestra vida por nuestra cuenta. No nos sentimos hijos de Dios, no le vemos como Padre. Queremos hacer descansar la vida cristiana en nosotros mismos (lo que a mi me parece, lo que a mi me gusta, …) y esto nos impide realmente abrirnos a él, vivir un proceso de conversión. Reducimos la vida cristiana a un planteamiento  personal: ir a misa los domingos y rezar un poco de vez en cuando. Y ya está, ya soy creyente. Y no es eso. Porque en este planteamiento Dios no ocupa el primer lugar.

 

Hoy las lecturas nos iluminan que para que Dios sea Dios en nuestra vida debe ocupar el primer lugar, sino Dios  ya no es Dios. Hoy las tres lecturas culminan con la afirmación de Jesús: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto” “Adora el Senyor el teu Déu, dona culte a ell tot sol”

 

Expresión que coincide con el primer mandamiento de la Ley de Dios: “Amarás al Señor sobre todas las cosas”. Examinemos nuestra vida para ver si realmente estamos viviendo este mandamiento. Veamos si Él es el centro de nuestra vida o una cosa más entre muchas cosas que hay en nuestra vida.

 

En este primer domingo de Cuaresma, tiempo de conversión, de cambio, de crecer, de replantear nuestra vida cristiana, las lecturas nos interrogan sobre cómo vivimos nuestra relación con Dios. ¿No estaremos cayendo como Adán y Eva en desconfiar de Dios y querer determinar nosotros mismos lo  que nos conviene al margen de Dios? ¿No estaremos cayendo en las tentaciones del demonio a Jesús de dejar a Dios en segundo lugar y de poner antes el pan, la casa, el estudio, el trabajo, la familia, el buen nombre, la admiración, el poder, el dinero? 

 

La conversión –que nos ofrece Dios en cuaresma- es mirar a Cristo frente a frente, y dejar que nos desmonte nuestros esquemas  y nuestras visiones humanas. La conversión no es fácil, la autentica conversión consistiría en desinstalarse de sí mismo y situarse en el ámbito de la relación amorosa con Dios. Y desde allí abrirnos para que el Señor nos convierta y nos comunique cual es su voluntad para nosotros.

Todos necesitamos avanzar en nuestra vida cristiana. En la vida espiritual o se avanza o se retrocede, no nos podemos mantener a un mismo nivel. Y para que eso sea  posible debemos aprovechar la cuaresma para ir más al fondo y sentir el calor de Dios.

 

Y concretando un poco, ese ir más al fondo se trata de poner en práctica las tres prácticas cuaresmales que la Iglesia nos recomienda. Tan importante es este tiempo que la iglesia recomienda unas prácticas concretas. No hay practicas de adviento, o de pascua, en cambio sí las hay de cuaresma.

 

Ya sabéis cuales son: la oración, el ayuno y limosna (caridad)

La oración: pasar más tiempo con Jesucristo. Leer más el evangelio. Hacer un poco de lectura espiritual.

El ayuno es más que no comer: ayuno de comodidades, de caprichos, de compras, de televisión, de distracciones.

La limosna, realizar actos de caridad, de los que cuestan, de darse uno mismo, hacer esos actos que sabemos que debemos hacer, pero que nunca hacemos.

Vayamos a la oración y que sea el mismo Dios quien nos suscite lo que debemos hacer en esta cuaresma. Sin olvidar que la actitud fundamental es la de la esperanza. Hemos de tener un deseo intenso de ser convertidos a través de los medios que la Iglesia nos sugiere.