XVIII Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo A

Mateo 14, 13-21

Autor: Padre Francesc Jordana Soler

 

 

Las lecturas de hoy nos ayudan a situarnos correctamente delante de Dios. Al venir a misa, al iniciar la plegaria, al meditar la Palabra de Dios nos hace falta actualizar lo que hoy nos dice la primera lectura: “Escuchadme atentos, venid a mí y os saciaré de vida”. Esta convicción: Dios llena mis anhelos más profundos, Dios me da la vida auténtica, es necesario que presida nuestra vida. Aunque no entendamos del todo el momento presente: Dios nos está comunicando vida.

 

Quizás alguien piense: “pero todo esto yo no lo siento”. Nuestra santificación se apoya en el espíritu, no en la sensibilidad. Lo que rige nuestra vida es la fe, no la sensibilidad.

 

Por eso, esta convicción de la que hablamos nos  pide poner en juego la fe, actualizar nuestra fe: que sea la fe la que rija nuestra vida, y no la sensibilidad. La sensibilidad, la mayoría de nosotros la tenemos desordenada e infantilizada. Por tanto, nos hemos de hacer presente aquello que la fe nos ilumina: Dios en JC nos da la vida auténtica.

 

Ya sería una gran cosa si esta eucaristía nos ayudara a crecer en esta convicción. No ir creciendo en esta convicción tiene un gran peligro: buscar compensaciones. La Vida la encontramos en Dios. Pero muchas veces como que no lo vivimos bien nos llenamos de compensaciones: la comida, la televisión, el placer, las compras, el consumo,... Como que no nos sentimos llenos ni felices, porque vivimos mediocremente nuestra vida cristiana, entonces buscamos compensaciones. Compensaciones que nos dan una cierta satisfacción: es verdad. Pero que si buscásemos realmente la santidad entonces esta satisfacción se multiplicaría por mil. Nosotros escogemos: o el camino fácil buscando las compensaciones momentáneas (que en seguida nos dejan vacíos), o el camino de la santidad que lleva a la vida. Nosotros escogemos.

 

Cuando cogemos este camino de santidad experimentamos lo que nos dice hoy San Pablo: nada, nada de nada, me podrá separar del Cristo. Para el que busca compensaciones, cualquier cosa lo separa del Cristo: la comida, la televisión, el consumo. Para el que ha encontrado la vida en Cristo, nada no lo separa ya de Él. Por esto San Pablo se expresa con esta contundencia. Como decía un cantante cristiano: “encontrar a Cristo es dejar de buscar”.

 

Es preciso que esta semana volvamos a meditar estas lecturas tan iluminadoras.

 

Hoy el evangelio nos presenta un texto que nos habla de la salvación desbordante, sobreabundante que Jesús nos ha venido a traer.  El Papa Benedicto antes de ser Papa en su libro « Introducción al cristianismo » hablaba de este texto y de otros con el título de « la ley de lo abundante ». En él nos decía que hay algunas escenas evangélicas donde la desmesura de las cifras nos manifiesta la salvación sobreabundante y desbordante que Dios nos ofrece. La vida que nos ofrece es desmesurada porque el amor de Dios no tiene medida.

 

Hoy contemplamos la multiplicación de los panes. A partir de cinco panes y dos peces comen 5000 hombres, sin contar niños y mujeres, quedan satisfechos y aún sobran 12 cestos. Estas cifras desproporcionadas manifestarían esta oferta de vida abundante que Dios nos hace. Esta Vida de la que he hablado a lo largo de toda la homilía, tiene un rostro: Jesús de Nazaret.

 

Acabo con unas impresionantes palabras del Papa Benedicto dirigidas a los jóvenes, y por extensión a todos nosotros:   

“Queridos jóvenes, la felicidad que buscáis, la felicidad que tenéis derecho de saborear, tiene un nombre, un rostro: el de Jesús de Nazaret, oculto en la Eucaristía. Sólo él da plenitud de vida a la humanidad. Decid, con María, vuestro “sí” al Dios que quiere entregarse a vosotros. Os repito hoy lo que dije al principio de mi pontificado: ‘Quien deja entrar a Cristo en la propia vida no pierde nada, nada, absolutamente nada de lo que hace la vida libre, bella y grande. ¡No!

Sólo con esta amistad se abren de par en par las puertas de la vida.

Sólo con esta amistad se abren realmente las grandes potencialidades de la condición humana.

Sólo con esta amistad experimentamos lo que es bello y lo que nos libera”. Estad plenamente convencidos: Cristo no quita nada de lo que hay de hermoso y grande en vosotros, sino que lleva todo a la perfección para la gloria de Dios, la felicidad de los hombres y la salvación del mundo”.

La escena que hoy hemos contemplado puede parecernos un gran milagro: 2 panes, 5 peces, y comen 5000 hombres. Pues no tengamos ninguna duda que la eucaristía es un milagro aún mucho más grande donde Jesús Resucitado se hace presente en medio de nosotros.