XXI Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo A

Mateo 16, 13-20

Autor: Padre Francesc Jordana Soler

 

 

Los evangelios tratan de responder a una pregunta fundamental para nosotros los cristianos, para nosotros los seguidores de Cristo: ¿Quien era Jesucristo? ¿Quién era ese que murió en la cruz y luego resucitó?

 

El evangelio de hoy es un momento culminante en la respuesta a esta pregunta por la identidad de Jesucristo.

 

Vale la pena imaginarse la escena: Jesús está catequizando a sus discípulos y de repente les hace una pregunta sencilla, fácil de responder: “¿Quién dice la gente que soy?” Y todos empiezan a dar respuestas: unos que Elías, otros Juan el Bautista, otros Jeremías. Y luego les suelta la pregunta que les deja mudos: “Y vosotros, ¿Quién decís que soy yo?”. Es fácil imaginarse que se miraron unos a otros, algunos bajaron la cabeza y después de unos segundos –que se les harían muy largos a los discípulos- Pedro respondió con seguridad; “Tu eres el Mesías, el Hijo del Dios vivo”.

 

Dos ideas respecto esta escena tan iluminadora:

La primera: Cuando Jesús hace una pregunta a sus discípulos nosotros nos debemos sentir interpelados por ella, también nosotros debemos responde a ella: “Y vosotros, ¿Quién decís que soy yo? . Hay dos modos de responder a esta pregunta. Una respuesta es la que damos desde la teoría: Jesús es el Hijo de Dios. Es la respuesta que nos enseñaron en catequesis. Pero luego esta la respuesta que damos desde nuestra vida (¿Quién es Jesucristo en nuestra vida?). ¿Alguien cercano, que me ilumina, me da paz, me guía, un amigo que siento como me va dando vida, o por el contrario Jesús es una personaje del pasado, lejano, alguien que no interviene en mi vida?

 

¿Qué respuesta damos?... Sólo desde la oración podemos traer a Jesús del pasado al presente. Sin oración personal la vida cristiana queda en mero cumplimiento formal de unas normas, pero no en un encuentro transformante con Cristo. Vale la pena aclarar que cuando hablo de oración no me refiero a hacer unas oraciones durante dos minutos por la mañana y dos minutos por la noche. No es esa la oración que Dios quiere. Me refiero a una oración de estar con Cristo, de pasar ratos prolongados con Cristo.

 

Jesús no es un personaje del pasado, Jesús es una persona divina que quiere entrar en relación de

amistad con nosotros y en esa relación cambiarnos el corazón. Cristo puede llenarnos en todo totalmente. Por eso el Papa Juan Pablo II hablaba tanto en sus discursos de la necesidad de tener un encuentro con un Cristo Vivo Auténtico y Resucitado.

 

¿Quien es Jesús para mí? Es una pregunta que a lo largo de la semana deberíamos ir contestando. Para tener una vivencia de la fe cada vez más auténtica y menos rutinaria.

 

La segunda idea se trata de lanzar nosotros a los que queremos evangelizar la pregunta que hoy Jesús nos ha hecho: ¿Quién es para ti Jesús?. Debemos hacer que la gente piense, que reflexionen y para ello es muy útil lanzarles preguntas. Y la que hoy Jesús nos ha hecho es muy buena. Hay dos tipos de respuesta que nos pueden dar:

a) Las que niegan la divinidad de Jesucristo. Y entonces nos dicen que Jesús era un profeta, un sabio, un humanista. Ante esta respuesta nosotros debemos mostrar la razonabilidad de creer en la divinidad de JC.

 

En uno de los temas formativos del cuarto domingo de mes trabajaremos este tema: ¿cómo ser capaces, sin ser teólogos, de mostrar la razonabilidad de que Jesús es el Hijo de Dios?

 

b) El segundo tipo de respuesta es el que reconoce la divinidad de Jesucristo, pero no le están siguiendo, lo cual es tremendamente incoherente. Reconocer que Jesús es Dios y no seguirlo es absolutamente ilógico, pero hay muchos que lo hacen. A estos debemos preguntarles: ¿Cómo es posible que digas que Jesús es el Hijo de Dios y no le hables a través de la oración? ¿Cómo es posible que digas … y no le trates  a través de los evangelios? ¿Cómo es posible que digas … y no formes parte de la Iglesia que él mismo fundó para comunicarte su Espíritu?. Si crees que Jesús es el Hijo de Dios para qué ha venido: ¿para amargarte y agobiarte, o para darte vida y sentido?.

 

Os lo aseguro: la gente no piensa. Si les hacéis preguntas les haréis un bien porque les obligareis a pensar, y pensar y razonar nos acerca a Dios.

 

Resumiendo: Nos preguntamos sinceramente desde nuestra vida ¿Quién es Jesús para nosotros?. Y luego lanzamos a esos que están cerca de nosotros la pregunta: ¿Quién es para ti Jesús?