XXV Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo A

Mateo 20, 1-16

Autor: Padre Francesc Jordana Soler

 

 

El sentido de proclamar la Palabra de Dios en las celebraciones de la eucaristía es para que vayamos haciendo vida eso que vamos leyendo domingo tras domingo. Todo aquello que leemos ha de ir enriqueciendo y modificando nuestra manera de vivir. No son lecturas que leemos porque tengamos ganas de escuchar un relato bonito. Son lecturas que deben ayudarnos a ir dando forma a nuestra vida.

Dos ideas respecto al evangelio: la llamada y la recompensa.

La llamada: Esta escena evangélica es la que utiliza Juan Pablo II para introducir la exhortación apostólica Cristi fideles Laici (Laicos fieles a Cristo) en la cual habla del papel del laico cristiano en el mundo de hoy.

Cuando leemos detenidamente la parábola en su inicio sorprende una cosa: la cantidad de veces que el amo de la viña sale a buscar trabajadores a su viña. Dice Jesús que el amo “Salió al amanecer” “salió otra vez a media mañana”, “salió de nuevo al medio día y a media tarde hizo lo mismo” “salió al caer la tarde”.

De ello deducimos varias cosas:

     .    El amo está todo el día saliendo a buscar personas para que trabajen en su viña.

     .    Trabajar en la viña es importante. Por eso el amo sale a buscar …

     .    Al amo le duele ver gente ociosa, que no hacen nada.

  Dios también nos llama a nosotros a trabajar en la viña del Señor, ¿qué significa trabajar en su viña?:

     .      Implicarnos porque crezca el reino de Dios aquí en la tierra

     .      Evangelizar de palabra y de obra

     .      Ayudar a construir una sociedad más justa.

Dios nos llama a trabajar. Dice San Gregorio Magno:  “Fijaos en vuestro modo de vivir, queridísimos hermanos, y comprobad si ya sois obreros del Señor. Examine cada uno lo que hace y considere si trabaja en la viña del Señor”.

Acabo esta primera idea con una cita de la exhortación CFL:  “El llamamiento del Señor: “Id también vosotros a mi viña” no cesa de resonar en el curso de la historia desde aquel lejano día en que lo pronuncio el Señor: esa llamada se dirige a cada hombre que viene a este mundo.”

 

“Es necesaria la acogida por parte de los fieles laicos del llamamiento de Cristo a trabajar en su viña, a tomar parte activa, consciente, y responsable en la misión de la Iglesia en esta magnífica y dramática hora de la historia. Si el no comprometerse siempre ha sido algo inaceptable, el tiempo presente lo hace aun más culpable. A nadie le es lícito permanecer ocioso” Estas palabras deben llevarnos valorar lo que estamos haciendo y a preguntarle: ¿Señor que misión me confías? ¿En qué quieres que trabaje?

La segunda idea es la recompensa. Y esto es un poco más complicado de explicar. De entrada el texto causa extrañeza: unos han trabajado desde el amanecer y otros empiezan cuando ya atardecía y los dos reciben el mismo salario. Humanamente hablando esto es inverosímil, hasta podríamos decir injusto.

 

Para explicar esto viene en nuestra ayuda la liturgia. Ya sabéis que la primera lectura está puesta en relación con el evangelio porque ilumina y complementa algún aspecto del evangelio.

 

Hoy la primera lectura nos dice: “Mis planes no son vuestros planes, vuestros caminos no son mis caminos”. Y luego dice que la distancia que hay entre sus planes y los nuestros, y sus caminos y los nuestros es más grande que la distancia entre el cielo y la tierra. ¡Toma ya!. Esto debería hacernos a todos muy humildes y muy prudentes. A nosotros que nos comportamos como sabios que lo sabemos todo hoy Dios nos dice: “…”.

 

Vemos así que la primera lectura nos da una luz que ayuda a entender el evangelio. Jesús con esta parábola está diciendo que Dios , el amo de la viña, actúa de otro modo. Dios no se rige como lo hacemos nosotros. Dios –viene a decir Jesús- es un patrón que se comporta de un modo muy distinto a como hacen los patronos que conocéis, pues su generosidad rompe las leyes de la correspondencia entre patrón y trabajador. La bondad de Dios supera totalmente las categorías humanas de la retribución.

 

Los fariseos tenían una imagen de un Dios juez, de un Dios castigador, de un Dios muy duro e inflexible con los pecadores. Y Jesús con su mensaje va cambiando esa imagen tan equivocada.

 

Jesús nos presenta un Dios inauditamente bueno, un Dios que nosotros no somos capaces de entender, un Dios que no se rige con nuestros criterios, un Dios que desborda misericordia, un Dios en el que sobreabunda el deseo de dar vida y vida abundante. Que esta imagen que Jesús nos ofrece vaya haciendo mella en el hondón de nuestra alma.

 

Acabo citando a San Pablo porque hoy nos dice una frase que todos después de tantos años de cristianismo deberíamos poder decir con él: “Para mi la vida es Cristo”.