XXIX Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo A

Mateo 22, 15-21

Autor: Padre Francesc Jordana Soler

 

 

Los fariseos estaban muy molestos y preocupados con Jesús: Jesús hablaba con autoridad, Jesús los criticaba con mucha dureza, Jesús interpretaba de manera diferente muchas disposiciones de la ley judía: como el descanso del sábado. Y lo que era peor: el pueblo lo seguía a él i no a los fariseos.

 

Todo esto lleva a que los fariseos le quieran hacer una pregunta trampa. Los fariseos han estado pensando y finalmente han encontrado una pregunta de la que parece imposible escaparse. Ellos pensaban: “hoy lo engancharemos”.

 

La pregunta parece muy sencilla: “¿Es  lícito o no pagar el tributo al César?

• Si Jesús dice que “no” se convierte en un rebelde contra la autoridad romana. Porque recomienda no pagar impuestos al César.

     • Si dice que “sí” está otorgando legitimidad al César, está avalando al invasor romano, la cual cosa iba en contra de la mentalidad de los judíos.

 

1.       La pregunta está muy bien pensada. Y desde una óptica política no había una tercera vía, no había una solución intermedia. Pero Jesús no se deja encerrar en el plano político y su respuesta va más allá del plano político, de la visión meramente humana y terrenal de las cosas. Él ve las cosas desde el segundo piso, él ve las cosas con las gafas de la fe, teniendo presente a Dios en su respuesta.

 

Yo cuando meditaba este pasaje pensaba: una pregunta tan complicada, cómo puede tan rápido dar una respuesta tan clarificadora. Después he llegado a la conclusión de que Jesús al ver las cosas siempre desde Dios no le debía ser difícil responder ésta y otras preguntas parecidas.

 

Esto a nosotros nos ha de iluminar: debemos mirar nuestra vida desde Dios. ¿Desde donde planteamos nuestra vida?, ¿desde donde respondemos  a las preguntas que nos hace el mundo?, ¿desde donde hacemos nuestras opciones de vida?. ¿Desde Dios o desde  una visión terrenal?

 

2.       En su respuesta “dad a Dios lo que es de Dios” Jesús nos dirige a cada uno de nosotros una llamada radical, un criterio a vivir en nuestra vida: “dad a Dios lo que es de Dios”.

 

Dad a Dios”. ¿Qué le damos a Dios? Pensémoslo: ¿qué le estamos dando a Dios? 45 minutos los domingos. Es una pregunta que habríamos de ir respondiendo en nuestra plegaria de esta semana.

 

¿Qué le estamos dando al Señor?, ¿qué tiempo?, ¿qué esfuerzos?, ¿qué dedicación?, ¿qué capacidades? ¿Dónde está Dios en nuestra jerarquía de prioridades?

 

 

 

 

“... lo que es de Dios”. La segunda parte de la frase nos lleva a preguntarnos: ¿Qué es de Dios? Pensémoslo, ¿qué es de Dios? Sólo hay una respuesta posible: todo, todo es de Dios, todo nos lo ha dado Dios. Es preciso ver las cosas con las gafas de la fe. NO HAY NADA QUE NO NOS LO HAYA DADO DIOS. Nosotros somos de Dios y todo lo que tenemos es de Dios, porque Él nos lo ha dado.

         

Él nos lo da todo, hasta nos ha dado a su hijo, su amado hijo, y nosotros ¿qué le damos? Ya tenemos los dos términos de la desigualdad: de un lado lo que él me da, y del otro lo que yo le doy. Para que Dios sea Dios en  nuestra vida es necesario que le demos el espacio y la consideración que se merece. Sino lo convertimos en un ídolo que utilizamos para tener la conciencia tranquila. Pidámosle en nuestra plegaria: “ayúdame a darte lo que tu deseas que te dé.”

            

3. El evangelio de hoy ha hecho mucho bien a lo largo de la historia de la Iglesia y es un texto que ha influido mucho en la configuración de las sociedades que actualmente tenemos. En este texto Jesús mismo propugna por una separación del poder político y del poder religioso. En los estados islámicos esta separación no se da: el poder político y el poder religioso es uno, no hay separación. No hay políticos, hay imanes, todo viene determinado por la religión. No hay libertad religiosa.

 

El Papa Benedicto en la “Deus Caritas Est” (nº 28) señala: “Es propia de la estructura del cristianismo la distinción entre lo que es del César y lo que es de Dios, esto es, entre el Estado e Iglesia, como decía el Vaticano II “el reconocimiento de la autonomía de las realidades temporales”. Estado  y Religión son dos esferas distintas, pero siempre en relación recíproca”.

 

Hoy en día hay unas fuertes corrientes culturales que pretenden que la religión quede relegada al ámbito privado. Nos vienen a decir: “usted en su casa crea lo que quiera, pero en el ámbito público no nos moleste con sus creencias, no nos las imponga”. Con lo cual nos quieren excluir de la construcción de la sociedad según nuestros valores. Se ve que todo el mundo tiene derecho a construir la sociedad según sus valores, menos los cristianos. ¡Es sorprendente!

 

La presión anticatólica es tan fuerte que acaba provocando, por ejemplo, que a la gente en su trabajo les de miedo decir que van a misa. Nos atrevemos a decir que nos hemos apuntado al gimnasio y no nos atrevemos a decir que el domingo fuimos a misa. Cuando una cosa es totalmente elegible y lo otro es una manifestación de la dimensión constitutiva de la persona humana: la religiosidad.

Y ante todo esto, nuestra actitud debe ser de no callar, no amilanarnos, y de seguir trabajando desde nuestra identidad, desde nuestros valores por la construcción de una sociedad más justa.