III Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo B
Marcos 1, 14-20: “Convertíos y creed la Buena Noticia”

Autor: Padre Joaquín Obando Carvajal

 

 

“Convertíos y creed la Buena Noticia”

El evangelio de este domingo tiene dos partes bien diferenciadas: Programa de la predicación de Jesús, y la llamada de los primeros discípulos. Temas muy relacionados entre sí.

De manera clara e incisiva Jesús anuncia la Buena Noticia de Dios e invita a la conversión. No enseña propiamente un cúmulo de doctrina, ni presenta un conjunto de normas morales, sino que anuncia la noticia de que Dios es algo bueno para todos. Bondad de Dios que se concretiza en el Reinado de Dios, gran acontecimiento por el que Dios interviene en la historia, en la vida de los hombres. Es lo mejor que nos puede ocurrir porque Dios es Padre y quiere la vida, la felicidad y la salvación de todos y cada uno de los hombres y mujeres. Somos sus hijos.

Desde los comienzos de la historia aparece la decisión del Dios de intervenir en la vida de los hombres para remediar situaciones injustas fruto del egoísmo, el orgullo, la envidia y la violencia. Ante el pecado de nuestros primeros padres, la promesa de una eficaz intervención de Dios como remedio a la desgracia provocada por la autosuficiencia del hombre. (cfr. Gen 3, 15, lo que se conoce como Proto-Evangelio). La explotación injusta y degradante del pueblo de Israel en Egipto pone en marcha una intervención de Dios para salvarle: “Bien vista tengo la aflicción de mi pueblo… he bajado para liberarle de la mano de los egipcios” (Ex 3, 7-8).

Jesús afirma claramente: “El tiempo se ha cumplido” Comienza algo nuevo y definitivo, importante para el ser humano y que exige la máxima atención. Es el gran proyecto de Jesús del que nadie está excluido, ni siquiera los pecadores. Dios se manifiesta como Padre bondadoso, bueno con todos, comprometido con el bien y la felicidad de todos. Este es el Reino de Dios, no algo estático y localizable en un lugar o periodo de tiempo concreto. Es la fuerza del amor de Dios que pone en marcha un proyecto de salvación potenciando los valores del respeto mutuo, la solidaridad y la fraternidad, el compromiso con los más pobres y desheredamos, la acogida a los que excluimos de nuestra relación.

El anuncio de la Buena Noticia, de que ya ha llegado el Reino de Dios, exige un cambio, un giro total: “Convertíos”. Conversión que se concretiza en un serio cambio de actitud. Adoptar una postura nueva, un nuevo estilo de vida, acogiendo con alegría y esperanza la Buena Noticia de la que habla Jesús. Entender a Dios de otra manera, confiando absolutamente en su amor y su bondad para orientar nuestra vida según las exigencias de un Padre que quiere lo mejor para todos. Reconocer la igualdad fundamental de todo ser humano, sabiéndonos hijos de Dios. Creer en el amor sorprendente de Dios con la confianza absoluta de que nuestra salvación, con todo lo que ello significa, está en ese Dios que se ha hecho uno de nosotros en Jesús.

Todo esto se nos presenta como algo costoso, poco agradable porque pensamos que todo lo tenemos bien enfocado y no hay nada que cambiar. Convertirse no es vivir sin pecado, sino aprender a vivir del perdón, sin orgullo ni tristeza, sino con el gozo de quien se sabe superando etapas para vivir en paz con Dios, consigo mismo y con los demás. Ser cristiano es dejarse impactar por la fuerza del Reino y saber que la vida se decide en la postura adoptada ante la Buena Noticia anunciada por Jesús. El “venga a nosotros tu Reino” ha de ser el anhelo más vital de todo seguidor de Jesús.