XIX Domingo del Tiempo Ordinario, Ciclo B
San Juan 6, 41-52: Angelelli Obispo y martir

Autor: Mons. Miguel Esteban Hesayne

 

 

            Una Iglesia que no celebre  sus mártires no merece ser llamada Iglesia de Jesús. Por eso, en no pocas comunidades católicas en estos días se han programado Encuentros y Eucaristías para honrar a nuestros recientes mártires latinoamericanos. En la Argentina contamos en todos los sectores: Obispos, Presbíteros, Religiosas/os, Laicos.

            Me detengo en el caso Enrique Angelelli más allá de que si su muerte fue causada por un accidente automovilístico o planeada en un  cobarde asesinato…

            Mártir es el testigo de la Fe Cristiana hasta la sangre, como lo definió solemnemente el Cardenal Bergoglio. Y de mi parte, he sido depositario de una confidencia del mismo obispo Enrique Angelelli, poco antes del 4 de agosto 1976…Conciente de la amenaza a muerte que sufría, como buen pastor, no se separó de sus fieles riojanos. Sabía que si lo mataban salvaría a muchos de su querida feligresía. Vivió en actitud martirial. Vivió defendiendo los Derechos Humanos con su propia vida episcopal cuya defensa no lo hacía desde ninguna ideología sino desde su honda Fe en Jesús y su Evangelio. Defendía los Derechos de su gente con la responsabilidad de construir la historia riojana porque creyó que el más “allá” “ el cielo nuevo y la tierra nueva”  que se construyen  en el “más acá”, puesto que “nuestros derechos de ciudadanía radican en los cielos” al decir de S,Pablo en carta a los filipenses  (Fil.3,20). Defendió los Derechos Humanos porque, en clave cristiana, los Derechos Humanos son Derechos Divinos. Precisamente, la sentencia de muerte para el Obispo Angelelli acaeció al pronunciar una Homilía defendiendo los derechos humanos de los hacheros riojanos. En plena Eucaristía dominical denunció el pecado de la comunidad religiosa indiferente o causante de la cruel injusticia con los obreros de la madera desposeídos a tal punto que no tenían un cajón para sepultura digna de sus queridos difuntos. Autoridades gubernamentales de entonces y Empresarios de esa zona, asistentes a dicha Celebración, se levantaron indignados porque se sintieron tocados en sus bolsillos y en sus poderes. Desde la ideología de la Seguridad Nacional  para la que todo vale,  incluso el Culto vaciado de compromiso social, se le inició una persecución a muerte.

            En esta coyuntura de vida de pastor optó por ser fiel a Jesús y su Evangelio, fiel a la Iglesia de la cual era miembro destacado, fiel al pueblo riojano que se le había encomendado. No quiso  la muerte suicida; pero, tampoco una existencia infiel al amor de Dios  que lo urgía como a apóstol-discípulo del Divino  Maestro, a dar la propia vida si fuere  necesario, para evitar más muertes de sus hermanas y hermanos cristianos en cruel persecución. O callaba la verdad del Evangelio o lo silenciaban con la muerte. No calló porque había entendido que no hay amor verdadero, amor de Dios,  sin justicia social, pero tampoco hay justicia sin amor solidario. Angelelli, varón de Dios, no se atrincheró en ningún tipo de violencia ni de las de las armas ni  de las ideologías. Desfiguran la talla de un digno sucesor de los Apóstoles que fue nuestro  obispo y mártir Enrique Angelelli,  quienes lo presentan como gran luchador social y pretenden separarlo de la Iglesia que amó y sirvió desde su lugar en el Colegio Episcopal. Angelelli  buscó, en forma incansable, la justicia social desde su corazón colmado de amor fraterno, que fluía como manantial de su Fe en la muerte y resurrección de Jesús. Fue admirablemente lúcido en su entrega apostólica, hasta dar su vida por el pueblo desde su Fe esperanzada en la Iglesia que nace en la Cruz…Jamás hubo motivación sociológica y menos aún, política, tampoco una Fe alienada. La lucha social que proponía era un acto de Fe en el Dios de Jesucristo. “El Cristo de la Pascua- comentaba -no quiere un pueblo “resignado” sino luchador para lograr  tener la Vida.”