Lucas 21, 12-19:

Cantaban el cántico de Moisés y el cántico del Cordero * Todos os odiarán por causa mía, pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá
Autor: Fr. Nelson Medina F., O.P

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fraynelson.com  

 

Temas de las lecturas: Cantaban el cántico de Moisés y el cántico del Cordero * Todos os odiarán por causa mía, pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá

Textos para este día:

Apocalipsis 15, 1-4:

Yo, Juan, vi en el cielo otra señal, magnífica y sorprendente: siete ángeles que llevaban siete plagas, las últimas, pues con ellas se puso fin al furor de Dios.

Vi una especie de mar de vidrio veteado de fuego; en la orilla estaban de pie los que habían vencido a la fiera, a su imagen y al número que es cifra de su nombre; tenían en la mano las arpas que Dios les había dado. Cantaban el cántico de Moisés, el siervo de Dios, y el cántico del Cordero, diciendo: "Grandes y maravillosas son tus obras, Señor, Dios omnipotente, justos y verdaderos tus caminos, ¡oh Rey de los siglos! ¿Quién no temerá, Señor, y glorificará tu nombre? Porque tú solo eres santo, porque vendrán todas las naciones y se postrarán en tu acatamiento, porque tus juicios se hicieron manifiestos."

Lucas 21, 12-19

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: "Os echarán mano, os perseguirán, estregándoos a los tribunales y a la cárcel, y os harán comparecer ante reyes y gobernadores por causa de mi nombre: así tendréis ocasión de dar testimonio. Haced propósito de no preparar vuestra defensa, porque yo os daré palabras y sabiduría a las que no podrá hacer frente ni contradecir ningún adversario vuestro. Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os traicionarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán por causa de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas".

Homilía

Temas de las lecturas:
Cantaban el cántico de Moisés y el cántico del Cordero * Todos os odiarán por causa mía, pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá

1. Un Inmenso Éxodo

1.1 Tres grandes epopeyas se entrelazan en las lecturas de hoy: la pascua de los israelitas, la pascua del Cordero y la pascua de los que vencieron la bestia. Tres momentos de victoria, o quizá mejor: tres momentos de una gran victoria, la de Dios en favor de su pueblo.

1.2 Hay un arco de luz que nos precede y nos sobrepasa, que va desde Moisés hasta el Cordero Degollado, y luego desde Jesucristo hasta la gloria de la llegada en plenitud de su gloria, manifiesta a todos los pueblos. Cada pequeña victoria nuestra se inscribe en ese arco: hemos sido convocados a ser testigos y protagonistas de una gesta maravillosa; vamos a contemplar y a realizar la derrota de la bestia, vamos a cantar y a hacer una realidad la victoria de nuestro Cristo.

2. La persecución como camino de evangelización

2.1 Ahora bien, hay que saber entender la victoria sobre la bestia. La bestia pierde incluso cuando pretende estar ganando terreno. Es la ley que vemos inscrita en la Cruz del Señor: allí donde el demonio pretendía estar venciendo estaba siendo vencido. La angustia ante la oposición del mundo es lo que da la victoria al enemigo. Lo inteligente, con la inteligencia de Dios (cf. 1 Cor 2,16), es aprovechar cada herida como anuncio y cada persecución como camino que conduce a nuevos modos y lugares de evangelización.

2.2 Esto lo encontramos ya en los Hechos de los Apóstoles, como en aquel lugar donde se lee: "los que habían sido esparcidos a causa de la persecución que sobrevino cuando la muerte de Esteban, llegaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía, no hablando la palabra a nadie, sino sólo a los judíos. Pero había algunos de ellos, hombres de Chipre y de Cirene, los cuales al llegar a Antioquía, hablaban también a los griegos, predicando al Señor Jesús" (Hch 11,19-20). El cristiano no se distingue porque todas las cosas le salen bien, sino porque sabe aprovechar los momentos malos.

2.3 Es lo que nos presenta Jesús en el evangelio de hoy: "los harán comparecer ante reyes y gobernantes por causa mía: así tendrán ocasión de dar testimonio" (Lc 21,12-13). Como nacidos de la Cruz no podemos esperar sino persecución, pero como